FLEMACON, Vanguardia del Sector Construcción en Latinoamérica

FLEMACON, Vanguardia del Sector Construcción en Latinoamérica

Por: Luis Villanueva Carbajal (Secretario general de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil del Perú y miembro de la Secretaría de la UITBB) 

 

Este 2020 se cumplieron 50 años desde la realización del congreso constitutivo de la Federación Latinoamericana de la Edificación, Madera y Materiales de la Construcción (FLEMACON), en el que participaron representantes de sindicatos y federaciones de la construcción de Uruguay, Panamá, Costa-Rica, Chile, Brasil, Bolivia, Perú, entre otros países, reunidos para ese fin en el local de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil del Perú (FTCCP), en Lima.

La importancia de este congreso, realizado en 1970, fue la toma de acuerdos que los trabajadores ejecutarían en sus respectivos países en el ámbito de Latinoamérica y el Caribe, como un paso previo para alcanzar consensos mundiales.

Uno de estos importantes acuerdos y quizás el más significativo fue luchar para que se instaure el Día de los Trabajadores en Construcción Civil el 25 de octubre, logro que el Perú conquistó en 1985, mediante la Ley 24324.

La ley, a la letra, dice: Artículo 1°: “Declárese el 25 de Octubre de cada año ‘Día de los Trabajadores en Construcción Civil’, en reconocimiento y gratitud nacional a dichos abnegados trabajadores”; Artículo 2°: “Es día no laborable el día 25 de Octubre de cada año para todos los trabajadores en Construcción Civil de la República, con goce de salario sin que afecte el salario dominical”.

Como este año el 25 de octubre cayó domingo, el feriado se trasladó al lunes 26 de octubre, según lo dispuesto por el Decreto Legislativo N.° 713 y la Ley N.° 26331.

 

Construcción civil y la Revolución de Octubre

Sin embargo, el 25 de octubre no fue una fecha al azar, sino escogida en conmemoración de un hecho histórico. Como lo recordó Saúl Méndez, secretario general del SUNTRACS de Panamá, en una conferencia organizada por la FTCCP el pasado 15 de octubre, la fecha tiene un significado de clase, pues el 25 de octubre, en el viejo calendario ruso, se produjo la revolución de 1917, la famosa Revolución de Octubre, y los trabajadores de la construcción latinoamericanos y caribeños reivindicaron esa fecha al tomar el acuerdo en ese congreso constitutivo de la FLEMACON. Panamá es otro país que logró la instauración del 25 de octubre; también Uruguay.

La conferencia brindada por Saúl Méndez, “Nuevas tecnologías y desplazamiento de mano de obra en el sector construcción”, es parte de las actividades conmemorativas por esta ocasión; a la que siguió, el 22 de octubre, “El salto obrero de la lucha reivindicativa a la lucha política”, a cargo de Daniel Diverio, secretario general del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (SUNCA) de Uruguay y presidente de la Unión Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Construcción, la Madera y los Materiales de Construcción (UITBB). El ciclo de actividades culminó con un foro sindical internacional denominado “La FLEMACON como vanguardia del sector construcción en Latinoamérica”. En este foro participaron Lucía Maia, presidenta de la FLEMACON; Daniel Diverio; Saúl Méndez, quien también es el presidente del Comité Regional de la Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera (ICM) para América Latina y el Caribe.

Contexto peruano

Este importante foro, que revive aquel congreso constitutivo de la FLEMACON de 1970, se realizó en un contexto mundial de crisis debido a la pandemia del covid-19, crisis cargada sobre los hombros de los trabajadores del mundo y el pueblo en general y en el que se han vulnerado derechos laborales, siendo los más pobres los que han pagado con su vida.

En promedio, en el Perú, los obreros del sector trabajan 4 meses al año en planilla, con todos los derechos laborales. Esto se debe a dos factores claves: el trabajo en construcción es eventual, dura mientras dura el frente de trabajo para el que es contratado el obrero, y existe un mercado laboral con alrededor de 75% de informalidad. La mayor parte del año, el obrero labora en la informalidad o anda desempleado, momento en que hace uso de sus magros ahorros. Por eso, desde el inicio de la cuarentena, con la consecuente paralización de las actividades en construcción civil, más de 450,000 obreros de la construcción se quedaron sin salario y sin ahorros.

El Perú padeció la peor estrategia en todo el mundo en manejo del covid-19, por lo cual somos el país con mayor número de muertos e infectados en proporción a la cantidad de habitantes, lo cual es noticia internacional. Los bonos del Estado, que llegan a pocos y tarde para las familias peruanas, representan en total la quinta parte del dinero otorgado en préstamo a las empresas privadas mediante un solo programa, el Reactiva Perú, que, como su nombre lo dice, debió reactivar la economía. Pero este préstamo es un dinero sobre el que no hay control ni fiscalización adecuada, y el resultado ha sido alrededor de 7 millones de personas que perdieron su puesto de trabajo en el sector formal e informal a mediados de 2020. Ha habido una millonaria inyección de capital de las arcas del Estado, pero no ha habido una debida reactivación económica.

Debido al alto desempleo, los lobbies empresariales que desean implantar un régimen laboral de guerra y un despilfarro del erario nacional que huele a corrupción, los trabajadores de la construcción y de otros sectores económicos salimos a las calles a protestar durante el estado de emergencia y la cuarentena obligatoria, burlando los controles estatales, para demandar acciones efectivas contra el hambre, la miseria, el desempleo y el mal uso de la caja fiscal.

Así como hemos hecho acciones sectoriales, también hemos respaldado las acciones de lucha que la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) toma en defensa de los intereses de la clase trabajadora. Y por ello, participamos activamente en las convocatorias a cada Jornada Nacional de Lucha de la CGTP, incluyendo la más reciente del 5 de noviembre, contra la suspensión de labores y ceses colectivos, defensa de la negociación colectiva y por el bono de 1000 soles para todos los peruanos mayores de edad para enfrentar esta crisis.

Los juegos del hambre

Los peruanos reciben bonos de 760 soles (alrededor de US$ 211), pero no son individuales, sino familiares, y la forma en que se realiza la elección del miembro de la familia que recibe el bono es prácticamente una rifa de la muerte que los trabajadores conocemos como los nuevos juegos del hambre, recordando la serie novelesca de la escritora estadounidense Suzanne Collins, que inspiró la serie cinematográfica del mismo nombre. Nadie sabe con certeza quién va a sobrevivir o desaparecer en esta pandemia.

A cambio de esta rifa sin reglas claras, que mantiene en zozobra a la población, los trabajadores hemos exigido un bono de 1000 soles para todos los mayores de edad mientras dure la pandemia, de tal manera que salvaríamos a la población del hambre, la miseria, la desnutrición, la muerte por enfermedades debido a las defensas bajas, la deserción educativa en general, entre otros males cuyos reales efectos recién podremos analizar cuando acabe la pandemia.

No es una demanda fuera de contexto, sino que se inscribe en el contexto de las demandas mundiales por una renta básica universal y el impuesto a la riqueza que serían grandes medidas para salvaguardar la vida.

A meses de iniciada la reactivación económica, en construcción civil solo laboran actualmente alrededor de 86,000 obreros de los 450,000 activos antes de la pandemia. Además, en los primeros días de la reactivación de las obras, alrededor del 30% de trabajadores se contagió de covid-19 en el transporte público, que en el Perú es uno de los más informales y con mayor hacinamiento del mundo; y también en el trabajo, por la falta de pruebas moleculares de covid-19 para hacer un descarte efectivo.

Esa es la realidad peruana en que conmemoramos estos 50 años de la fundación de la FLEMACON, diferente en contexto, pero igual de difícil para los trabajadores, en particular, y el pueblo, en general, en el mundo. A cincuenta años del primer encuentro, somos otros los actores, pero mantenemos vivo el mismo espíritu de cambio y justicia social que animaron a nuestros antecesores en su lucha. Esa lucha ahora es nuestra.